OTRA MUERTE CRUEL, OTRO PEDIDO DE JUSTICIA Y SOSPECHAS POR EL ACCIONAR POLICIAL

Luego de una semana de búsqueda desesperada por parte de su familia, y de la evidente ineficiencia de la tarea de la Policía de la Provincia y del ministerio de Seguridad que coordinó el operativo por la desaparición de Alejandro Ochoa, se confirmó la peor de las sospechas. El cuerpo encontrado en avanzado estado de descomposición y en una zona que ya había sido rastrillada por la Policía, era el del joven de Cortaderas de 35 años.
Tenía la cabeza cubierta con una bermuda de jean, estaba amordazado y con lesiones punzantes, entre ellas una en el cuello. La jueza Patricia Besso fue quien dispuso el traslado del cadáver a la morgue de Villa Mercedes para la autopsia.
El joven apodado “Bebo”, desapareció el sábado 27 de marzo, e inmediatamente su familia hizo una denuncia policial. Se lo llevaron dos hombres encapuchados y con armas. Y misteriosamente se hizo humo. La presión de familiares y amigos que se manifestaron cortando la ruta que va a Merlo, varias veces durante la semana, activó una fuerte presencial policial que se encargó más de monitorear ese reclamo, que de buscar efectivamente al joven desaparecido.
Esa actitud policial, y el hecho de que su cuerpo apareciera en un lugar en donde ya había rastrillado el operativo policial con resultado negativo, hizo correr todas las sospechas en contra de los uniformados. Para peor, hay quienes sostienen que el hallazgo se produjo por el fuerte olor que percibieron algunos lugareños, no así los efectivos policiales.
El cadáver estaba en un campo distante a unos 3 kilómetros de la plaza principal de Cortaderas. Así de cerca. En la noche del Viernes Santo, el pueblo se convocó en una manifestación frente a la Comisaría: pidieron justicia y cuestionaron la investigación, fueron publicando los pocos medios que le dieron al caso la envergadura que ameritaba.
El cuerpo de Ochoa -publicó uno de los medios que cubrió el caso desde su epicentro- estaba adentro de una propiedad en construcción (donde se había instalado un quincho), en la zona denominada El Adobe, a unos 500 metros de la ruta (hacia el oeste) por un camino vecinal, entre Los Molles y Cortaderas.
El médico forense, Gustavo Lafourcade confirmó que el cuerpo encontrado estaba en avanzado estado de descomposición, a la intemperie y que presentaba heridas en varias partes del cuerpo. Tenía la cabeza cubierta con una bermuda de jeans y todo indica que llevaba varios días de fallecido.
La indignación de los familiares y vecinos por lo el desempeño policial llegó al punto de que se convocaron frente a la Subcomisaría N° 22 que fue vallada y muy custodiada por efectivos del COAR.
Las voces pidiendo justicia y reclamando contra la tarea policial se escucharon al pie de los Comechingones con cientos de vecinos y amigos que reclamaron por la desaparición y el asesinato de Alejandro Sosa. Allegados de la familia dijeron que están convencidos de que al cuerpo «lo plantaron» en ese lugar por donde la Policía dijo que había rastrillado. El Gobierno hizo un llamativo silencio durante toda su búsqueda pese a que el caso trascendió las fronteras de la provincia y se instaló en medios nacionales.