Inseguridad: El Gobierno fracasó y habla de un «plan integral» por el año electoral

“Estoy re orgulloso de la plana mayor, del ministro de Seguridad, de mi gabinete. De este modo las cosas se pueden hacer con sabiduría, con paciencia. Gracias a todos” dijo el Gobernador Rodríguez Saá la semana pasada en el lanzamiento -otra vez, como ante cada desafío electoral- de un plan integral de seguridad, con el que quiere enfrentar el gravísimo cuadro de desprotección de los vecinos de toda la provincia cada vez más acorralados por los delincuentes.
Ese anuncio, al calor del clima electoral que se empieza a vivir también en la provincia, no es más que el reconocimiento explícito de que el Gobierno ha perdido su batalla contra la inseguridad y que los vecinos están totalmente desprotegidos.
Es también un reconocimiento de que no hubo ni hay los policías suficientes, que no cuentan con los materiales necesarios para trabajar en condiciones que garanticen el servicio y su propia seguridad. Es una clara admisión también, de que los vecinos tienen razón cuando dicen que en las comisarías la propia policía les confiesa que no tienen herramientas para combatir a los delincuentes, ni autos para perseguirlos, ni combustible, ni recuerso humano para que quede a cargo de la comisaría.
Al fin de cuentas eso es lo que revelan las redes sociales y las cientos de denuncias diarias que como señaló Todo Un País quedan escritas por vecinos que no quieren perder tiempo con una denuncia policial, tras haber sido víctimas de algún delito.
Luego de años reclamando -la última camada de cadetes- por su incorporación a la fuerza policial, Rodríguez Saá dijo que hará ingresar 900 policías para ser distribuidos en toda la geografía provincial.
La realidad cotidiana muestra a una sociedad totalmente desprotegida al punto de que va perdiendo territorios comunes de convivencia: cada vez son más los barrios o zonas en los que los taxis no quieren ingresar a determinadas horas, las calles o caminos por los que los ciclistas evitan transitar, la paradas de colectivos menos concurridas por temor, todo matizado con una creciente sensación de inquietud de saber víctima de los delincuentes en cualquier momento.
No enfrenta el Gobierno un problema nuevo. Por lo contrario, la inseguridad es de una larga data; lo que sí renueva el Gobernador es una promesa que repite todos los años en los que hay elecciones, y termina en la nada.